Archivos para Septiembre 2007

24
Sep
07

La gran puta de Babilonia

Querer ser famoso está bien considerado.

Vistos los especimenes con que constantemente nos bombardean los medios de comunicación no podría ser de otra manera.

Querer ser famoso es una opción de futuro.

Si tal o cual sujeto ha accedido a dicho estatus por el mero hecho de “haber estado casado con…” o “haber practicado una felación a…” o “haber ganado un proto-concurso amañado de…” todo mamífero y bípedo –no se requiere ser totalmente humano- está por derecho y condiciones legitimado a intentarlo.

Ser famoso es la profesión mejor remunerada.

Percibir miles de euros/dólares por vituperar a X y ciscarse sobre Y, por obsequiar al orbe con desafinados gorgoritos, por mostrar la última adquisición quirúrgico-estética o por airear las desgracias familiares, no tiene parangón con actividad laboral alguna.

La combinación de todo ello es de una rotunda perfección.

Con escaso o nulo bagaje, obtén píngües beneficios por hacer menos que nada y agenciar ventajas de casi todo.

Nada nuevo bajo el Sol.

Como casi todo lo que se critica hoy en día, el “Dame fama y dime tonto” viene de tiempos pretéritos. Y como casi siempre, la mayor aportación de nuestros días ha sido meramente cuantitativa. Precisamente lo que produce más hartazgo y hastío.

Al margen de moralinas sobre los mensajes que puedan inferirse de todo ello, lo que me resulta más curioso es la creciente concepción de que la fama, es algo al alcance de casi todos. Y por ende, un derecho.

La democratización orteguiana que se ha producido con dicho vocablo, no deja de ser otro negocio que “los de siempre” han montado a costa “del resto”. Un nuevo “Neo” que el “Arquitecto” pone a disposición de “Matrix”.

Un puente cuyo paso elevado sobre el esfuerzo, los sinsabores, la constancia, el ingenio, etc. Nos conducirá a lo que en teoría está reservado a los que cultivan todo aquello.

Un atajo, una vía rápida y directa al fin sin tener que sufrir los medios.

Voluntarios no van a faltar. Al ingénito impulso de querer destacar coadyuvan una serie de factores como el temor al anonimato, la globalización de valores, la disolución de especificidades, el miedo a “ser uno más” y no saber qué se és.

Alcanzar la fama mediante la forma y el medio que sea, es presentado como la solución global a todo ello. Sé famoso y serás.

Es la antítesis de la democratización. Lo que en primera instancia permite a una mayoría alcanzar un estatus, se convierte en vulgar e indeseable por ello. Luchamos por englobarnos dentro de una masa. Para luego intentar por todos los medios destacarnos –salir- de ella.

El problema, como siempre, va a ser nuestro.

22
Sep
07

Cazadores y Recolectoras

Durante años y años se viene discutiendo sobre las diferencias existentes entre hombres y mujeres. Dentro de la sociedad occidental, y una vez eliminadas o al menos mitigadas las estrictamente discriminatorias, el debate se ha ido centrando en las que hacen referencia a los aspectos más íntimos y emotivos.

Quien no ha escuchado alguna vez frases alusivas a una mayor sensibilidad femenina, a su innato romanticismo, a su capacidad afectiva o a su gusto por los detalles. Frente a una masculinidad que vive ajena a todo ello cuando no directamente enfrentada.

Verdaderos o falsos, mitos o certezas, tópicos o realidades; lo cierto es que la clásica “Guerra de sexos” sigue vigente en la actualidad. Y aunque se eliminaran las opiniones que flanquean ambos extremos, siempre quedaría un corpus central que, con un fuerte arraigo social, sigue creyendo que bien por motivos sociales, culturales o genéticos, el hombre y la mujer mantienen importantes diferencias más allá de lo meramente fisiológico.

Teorías de todo tipo han tratado y tratan con diversa fortuna de arrojar algo de luz al respecto, la intención de este artículo es acercarnos a la propuesta que nos ofrece una ciencia como la Antropología, que remontándose a tiempos pretéritos, busca las bases que puedan sustentar dichas diferencias.

CADA UNO A LO SUYO

Ya plenamente definidos como Homo Sapiens Sapien, las primeras sociedades se articulaban siguiendo el esquema de Cazadores-Recolectores. Es decir, su sustento provenía de lo que pudieran cazar o recolectar en su entorno más próximo. La ejecución de una u otra de estas actividades se encomendaba siguiendo patrones estrictamente físicos: Los individuos más fuertes, generalmente hombres, se designaban a las tareas de caza y los más débiles, generalmente mujeres, a las de recolección.

Esta elemental división fue el principio de todo.

Las características, peculariedades y habilidades necesarias para llevar a cabo con éxito (del cual dependía la supervivencia de la comunidad) la caza o la recolección, fueron modelando los comportamientos de uno y otro sexo.

LOS CAZADORES

Abatir piezas de gran tamaño con las herramientas del paleolítico-neolítico no era tarea fácil que pudiera confiarse exclusivamente a la fuerza u oportunidad del momento. Para ello se fueron desarrollando una serie de técnicas con su correspondiente metodología: Un líder que dirigiera toda la operación, el rastreo de huellas que permitiera localizar la presa, el acecho de esta y finalmente su acoso y posterior derribo.

Cada una de dichas acciones se debía ejecutar siguiendo una metodología: El líder era el individuo más fuerte y con mayor experiencia, el rastreo requería de una gran concentración y detallismo, el acecho de paciencia y largos períodos de silencio, el acoso de habilidades de grupo y coordinación y finalmente el derribo, de gran determinación y arrojo.

De todo ello se puede deducir que características como liderazgo, concentración, paciencia, silencio, trabajo en equipo, determinación y arrojo eran necesarias para finalizar con éxito las labores de caza. Y en la medida en que algo resulta útil para el ser humano, asimilable para el comportamiento colectivo.

LAS RECOLECTORAS

Siguiendo la anterior pauta como corolario, la recolección de alimentos también presenta sus propias características: Necesidad de abarcar grandes zonas de terreno para conseguir cantidades significativas, comunicación no hablada continúa para señalar la ubicación del alimento, discernir los frutos comestibles de los no comestibles y finalmente rapidez en la recolección.

Como en el ejemplo anterior, todas y cada una de estas acciones requiere de su correspondiente metodología: Así, el abarcar grandes espacios se ve facilitado si se actúa de forma individual, la comunicación no hablada fomenta la multipercepción, el discernimiento potencia la memoria visual y la rapidez en acciones repetitivas la sistematización.

Por tanto puede afirmarse que, individualismo, multipercepción, memoria visual y sistematización son métodos empleados en tareas recolectoras y en tanto en cuanto exitosos, asumidos por la colectividad.

EXTRAPOLACIÓN ACTUAL

Tras esta breve síntesis de los datos aportados por el estudio de los grupos primitivos llegaríamos a la parte más ardua: Su extrapolación a conductas y comportamientos contemporáneos.

La complejidad de esta extrapolación rebasa las intenciones de este artículo, dado lo necesario de interactuar con otras disciplinas y aplicar las modulaciones introducidas por el devenir de los siglos en la sociedad/cultura humana para poder trazar unas líneas generales que nos conduzcan hasta nuestros días.

No obstante, y a modo de mayéutica, podemos plantearnos una serie de preguntas que nos ayuden a considerar nuevos puntos de vista sobre este tema.

¿Hasta que punto un mayor sentido de la amistad, de pertenencia a un grupo, de liderazgo, de determinación, de monotarea entre los varones y por ende de la falta o carencia de sus opuestos, tiene origen en las actividades de la caza colectiva?

¿Hasta que punto un mayor sentido de lo individual, del detalle, de percepción sensorial, de subjetividad en las mujeres y las correspondientes carencias o faltas en sus opuestos, tiene origen en las tareas de recolección?

Y simplificando en cuestiones o comentarios actuales:

¿Es todo lo anterior causa o efecto de conceptos como la supuesta fidelidad existente entre amigos y la complejidad para la amistad femenina?

¿Del gusto por el detalle en las féminas y su carencia en los varones?

¿De la capacidad femenina de estar haciendo/diciendo algo y pensando en lo siguiente frente a la monotarea masculina?

¿De la subjetividad con que las mujeres envuelven muchas ideas frente a la plana objetividad de los hombres?

La lista de preguntas ligadas a esta cuestión puede ser tan larga como se desee.

Y si bien viene avalada por estudiosos tan reputados como el Doctor Mark David Chapman de la Lennon Society, el Doctor John Simon Ritchie de la Sid Faculty of Anthropology o el eminente Fernando García Cuesta del Centro Escolapio de Antropología Bíblica, su extrapolación a tiempos presentes debe efectuarse con moderación y cautela.




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