Decía el bueno de Robert Crumb; a modo de defensa ante los abundantes epítetos de cerdo, machista y demás con los que era obsequiado por su obra, que esa no dejaba de ser su forma de canalizar sus frustraciones y desengaños. Y que era preferible canalizar mediante dibujos que encañonar pistola en mano. 
Puede considerársele adalid de lo “políticamente incorrecto” en una época donde los “flower power” y mojigatos eran legión.
¿Y todo esto a qué coño viene?
Pues que salvando las distancias y siempre en personal opinión del que escribe, estamos viviendo un nuevo “remake” del “buen rollito”, “buenismo a ultranza” y “cualquier otra cosa más guay es posible”.
Todo ello no tiene nada intrínsecamente malo. Pensar en términos absolutos que otra forma de ver el mundo es posible, que hay que acabar con las guerras, la fascinación por todo lo oriental, acabar con las corridas de toros, con el comercio de pieles, fomentar la dieta vegetariana, el reciclaje, etc. Son ideas o planteamientos totalmente respetables -¡faltaría más!-
Entonces ¿Dónde coño está el problema?
En la sistematización de todo o parte de ello. O como diría alguien docto “en tomar la parte por el todo: sinécdoque”. O como diría alguien “en tocarte los cojones”.
El problema en este tipo de coyunturas radica en pensar que lo loable, maravilloso, beneficioso, justo, sin par, necesario de nuestra postura o idea, es algo absolutamente objetivo y ha de ser asumido como tal por todo el resto del orbe. Todo aquel que no obre así –no hace falta que haga lo contrario- ha de ser considerado antagonista directo.
Verbigracia:
– Manifestación contra la guerra de Irak. Todo aquel que no ha ido a dicha manifestación es afín al Partido Popular.
– Práctica del Yoga u otras disciplinas orientales. Todo aquel que no esté interesado en ello es insensible y/o poco espiritual.
– Nouvelle cuisine o cocina creativa. Todo aquel que no esté interesado en probarla o guste de la morcilla es cerrado de miras.
– Dejar de fumar. Todo aquel que no lo desee es o no lo manifieste abiertamente es imbécil y un bípedo residuo contaminante.
Ad nauseam…
Dicho esto y para evitar más suspicacias de las estrictamente buscadas, remarco que lo que aquí se critica no es la bondad o beneficio de una idea o acción concreta, sino el hecho de asumir que dicha naturaleza es motivo más que suficiente para caer rendidos ante ella y de obligatoria observancia. Ideas o buenas acciones hay miles de posibles ¿Por qué se abrazan unas y se ignoran otras? ¿Por qué merece una manifestación la guerra de Irak y no la de Somalia? ¿Por qué es más espiritual quien practica yoga que quien lee a Schopenhauer? ¿Por qué es más interesante la nouvelle cuisine que la cocina Alto Aragonesa? Etc.
La respuesta para quien escribe viene dada por varios motivos, modas, tendencias pero influyendo sobremanera aquello que es considerado “políticamente correcto” en ese momento.
Y dada la época que nos ocupa donde prima la inmediatez, lo exótico, lo multicultural, destacar por algo o sobre algo, el individualismo militante, etc. son estos valores y no otros los que ayudan a conformar nuestro particular concepto de lo “políticamente correcto”.
Finalmente señalar que lo que aquí se reivindica es simplemente el libre albedrío sin ser acusado de… sin tener que justificarse por… sin tener que…
Practicar el yoga, escuchar música étnica, viajar a Vietnam, ser vegano o participar en una ONG puede ser algo fantástico, pero no está escrito en ninguna parte que haya de serlo más que jugar al fútbol, escuchar a Estopa, viajar a Torremolinos, atiborrarse de morcillas o participar en la peña del pueblo.
Ser guay mola, mas no es obligatorio.
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